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Luz en la oscuridad

Luz en la oscuridad

 

 Una oscuridad sin fisuras me envolvía. Estaba tranquila, como si flotase en un mar seco y silencioso. Noté entonces una presencia incorpórea a mi lado.

 

–¿Quién eres?–, me preguntó con voz suave.

–Ya lo sabes…–, susurré.

–¿Y tú lo sabes?

–Ahora sí.

–¿Sigues buscando?

–No. Creo que ya lo he encontrado.

–Abre los ojos. Lo que esperabas va a llegar pronto.

 

Y abrí los ojos despacio, sintiendo que el agujero del pecho se acababa de llenar. La soledad me había abandonado una vez más. Miré hacia un lado y sólo pude ver nubes. Estaba una vez más mirando al mundo desde la estrecha ventanilla de un avión.